Archivado en: caja de cartón
Y vuelves a mí, sin saber cómo ni por qué… Con tu paso cansado (aquellas suelas deshechas que ya piden un recambio), tu aspecto desmejorado y tu voz rota por el paso del dolor sobre tu boca (tu hígado pide clemencia y tu alma desertó al comienzo de tu guerra contra el desamor).
Miro a la calle principal, aquella que “nunca duerme” pero me pregunto si alguna vez está despierta… Está sembrada de luces neón y fosforescentes que parpadean sin cesar, luces de colores rojo, blanco y ámbar que transcurren de un lugar a otro, sin principio ni final. A los lejos queda el resplandor de los edificios en llamas de este gran bulevar.
Vuelve a cantar para mí, tócala de nuevo, déjame mirarte otra vez, pero jamás te encuentro. No te veo, la niebla de esta noche infatigable me deja sin aliento para seguir buscando tu rostro en ninguna parte. Tu voz queda separada del olor de piel, del tacto de tus ojos, del color de tus pies… Esta noche con niebla te tendré que recomponer.
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